25 Años viajando...
por los seis continentes

A veces nos encontramos en situaciones raras,

sin saber como, nos metemos en ellas paso a paso

y del modo más natural. Hasta que de súbito,

cuando estamos ya enredados, el corazón nos

da un vuelco y nos preguntamos...

¿Cómo diablos pudo ocurrir aquello?

THOR HEYERDAHL

aldea

Nuestros Amigos
De este Planeta azul

aldea

A Beatriz, sin cuyo apoyo,

nada hubiera sido posible

aldea

Empezamos por el principio... ¿o por el final?.

Tal vez sea que terminamos por el final... ¿o el principio? .

Todo suena confuso. ¿No? .

¡Ahora está claro! .

Vamos a comenzar por el final para concluir por el principio.

Una larga vida de viajes iniciados allá por 1974 en ruta hacia Kathmandú, capital del pequeño país al pié del Himalaya: Nepal, sin saber hacia dónde exactamente nos dirigíamos, sin apenas información y con un desconocimiento total de los lugares de interés, los peligros, de las gentes que habitaban los tierras y las regiones que íbamos a cruzar. Con un vehículo supuestamente apropiado que, al fin y al cabo, concluyó con verdadero éxito el viaje. ¡Cómo sino podría estar escribiendo estas líneas!.

Le ha llegado el turno a Australia, la isla–continente o el continente–isla, tal vez sea precisamente por su pequeño gran tamaño o por su lejanía de nuestro hogar la razón de que fueraa nuestro gran último destino. Lo cierto es que jamás hemos seguido unas pautas preestablecidas, mas bien unos impulsos viscerales. Una voz, una corazonada, una sensación de que aquel era el momento y el lugar oportuno para romper con nuestra vida sedentaria e ir a nomadear por este planeta, todavía azul. Una necesidad inexplicable de cambiar la tendencia de una vida ordenada y confortable en un sólido y establecido lugar, por continuos y sortados cambios en otra vida no tan ordenada ni tan confortable. Recordar una y otra vez que precisamente son los pequeños detalles, aparentemente sin importancia, los que nos porporcionan la razón de nuestra existencia.

Cuando descubrimos que la hora punta en la cercana autopista ha dejado de ser el problema de todas las mañanas y nuestros esfuerzos se encaminan a conseguir un poco de agua para lavarse la cara y continuar un camino que no sabemos con certeza donde finalizará... ¡Ya está! Ya hemos cambiado de vida.
1979 - 1983
1983 - 1979
Recordar los inicios se convierte siempre en una tarea grata y desagradable al mismo tiempo. Grata debido a que el mismo hecho de poder mirar atrás convierte en una película a nuestra vida, y nos sentimos orgullosos tanto por lo que hemos hecho como por lo que hemos vivido. Se nos hace presente en un momento todo lo que hemos sido capaces de hacer y... ¡Hemos sobrevivido!. Por otra parte, a medida que los recuerdos aumentan, la vida disminuye. ¡Nos hacemos viejos! Y comenzamos a pensar si tendremos tiempo de ver, gustar, oler, oir y sentir todo lo que nos rodea.

Los prólogos resultan siempre aburridos, no hacemos sino elucubrar o divagar. Esta tiene que ser una historia de viajes, una peregrinación por todos los países que hemos visitado, con mayor y menor acierto, sin seguir pautas cronológicas, geográficas, ni históricas. Una visión temporal realizada desde el continente más antiguo de este planeta, todavía azul. A partir del contacto con una cultura vigente desde el final de la última era glaciar: La Cultura Aborígen Australiana.

La verdad es que nos sentimos muy afortunados. En una sociedad que cada vez nos esclaviza más y que a pesar de haber conseguido grandes avances tecnológicos no ha logrado que nuestro planeta, todavía azul, gire a menos velocidad sobre su eje y que el día tenga, por tanto, ¡sólo 24 horas!. ¡Qué lástima!

¡Si consiguiéramos unas horas más! Así podríamos trabajar más, ganar más dinero, comprarnos un mejor automóvil y disfrutar más tiempo de nuestras vacaciones. Además, si obtuviéramos aunque fueran unos pocos minutos más, sería cuestión de tiempo en que estos minutos se convirtieran en horas... Así ganaríamos tiempo al tiempo y éste dejaría de ser oro. ¿Porqué nos fascinará tanto el tiempo?. Será por que en el fondo no existe y simplemente nos obsesionamos en medir nuestro paso por este mundo terrenal. Lo cierto es que si existe algún lugar donde el tiempo parece haberse detenido, éste es Australia y hacia allá vamos.

En ruta hacia el Sahara

Una nueva partida, la quinta, ¿La última?. Me gusta pensar así a pesar del desacuerdo de Beatriz. Nuestras motivaciones para viajar parecen ser distintas. Con los años he ido considerando a nuestros viajes como el único camino para conocerse a uno mismo y adquirir madurez. Una conclusión relativamente reciente. En 1974 ocupamos cinco meses en ir y volver de nuestro hogar, Mallorca, a Nepal por via terrestre. Casi no nos enteramos de nada, no éramos plenamente conscientes ni adónde íbamos, ni lo que íbamos a encontrar. Pero el nomadear nos maravilló así que decidimos preparar otro gran viaje más largo y más lejos.

1978 fue el año de Sudamérica. Cruzamos, no sin serias dificultades, el océano Atlántico por primera vez y recorrimos todos los países del continente. Nuestra primera idea era, por aquel entonces, unir por carretera Tierra del Fuego y Alaska. La empresa resultó ser demasiado ambiciosa para nuestro magro presupuesto económico, muy debilitado por los fuertes mordiscos de la aduana brasileña. De modo que, después de casi un año de viaje, preferimos regresar a Mallorca a cruzar el Darién (Panamá).

Cuatro Automóviles, Seis Continentes
365.000 kilómetros
Y así llegamos al gran año, nuestro más largo viaje que se inició en 1981 para finalizar en 1983. Y volvimos a cruzar el océano Atlántico, aunque en aquella ocasión con dirección norte. Y aprobamos la asignatura pendiente cuando alcanzamos Anchorage (Alaska). Nos sobró tiempo y presupuesto, así que decidimos ir regresando, lentamente, siempre en dirección poniente hasta cincunvalar este planeta, todavía azul, y cruzamos el océano Pacífico. Y así tocamos techo viajero, ya no volveríamos a salir de nuestro hogar por períodos tan largos de tiempo.La integración en nuestra vieja cultura se iba haciendo cada vez más difícil, no terminábamos de comprender los problemas que quitaban el sueño a nuestros vecinos; algo como dónde ir de vacaciones o que traje ponerse en la fiesta del jefe. Nuestra vida había cambiado ya para siempre.
Escribiendo ...
Nuestras experiencias
Aquel cambio influyó en nuestra siguiente aventura: Cruzar el continente Negro de norte a sur. Y nos preparamos con verdadera dedicación a reunir todo lo que nos parecía indispensable. Geográficamente era, sin lugar a dudas, la aventura que más cerca tenía su inicio, cruzando el estrecho de Gibraltar y, sin salir de nuestro país, pisábamos Africa en 1984. Sólo ocurrió que tampoco en aquel caso conseguimos coronar con éxito la empresa. La razones no fueron, como en el caso de Sudamérica, económicas, sino de índole político. Huelgan largas explicaciones sobre gobiernos africanos, cualquier medio de comunicación se hace continuamente eco de los cambios que se producen en nuestro vecino continente. Sino es un país es otro, pero son noticia todos los días.

Nuestro previsto año se convirtió en ocho meses pero, por otra parte, nos permitió profundizar en el estudio de culturas muy distintas a las nuestras y entre sí mismas: los Tuareg del Sahara o los Dogon de Mali, sirvan como ejemplo. Nos vimos obligados a cruzar en desierto del Sahara durante el mes de agosto,

Toda, verdaderamente toda ...
la Familia.
lo que nos permitió conocerlo en todas sus facetas. Aquel fue, sin duda, el viaje más apasionante. Eramos, en todo momento, conscientes de los riesgos y por lo tanto del valor de los conocimientos que ibamos adquiriendo.

Y llegamos a 1997. El salto en el tiempo es mucho mayor. Habían transcurrido diez años para cuatro viajes y cuatro continentes; y nada menos que trece para embarcarnos en el quinto. Empezamos a escribir en hojas sueltas, continuamos en un diario manuscrito, para seguir con una máquina de escribir portátil. Ahora estamos utilizando un ordenador portátil de última generación. Algo ha cambiado, es indudable, y de esto trata este libro multimedia.

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Texto y Fotos © Antoni Ramón Bover (1998)

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