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"Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO".

"El alba llega a este lugar como la primera alborada del mundo: roja, púrpura, de fuego y sangre... Tiñe el mar, la frontera incierta de la tierra y el agua, las rocas, la arena batida por las olas, la silueta naciente de la colina y los árboles, y la capa de aire densa, brumosa, que el frío ha apretado contra el suelo y ahora el calor empezará a disolver."

Sandy Billabong

Hace 150 millones de años, explican los científicos mutantes de la tribu de los blancos, el movimiento de las placas tectónicas comenzó a partir el continente de Gondwana. Desde hace 65 millones Australia quedó aislada en su deriva de varios centímetros al año hacia el norte. Han sido 65 millones de años de evolución separada, que la han convertido en un tesoro, en un Arca de Noé gigantesca. Su fauna y su flora son únicas en este Planeta todavía Azul.

"Al principio el mundo era una llanura vacía y amorfa, explican los ancianos Gagudju, la tribu aborigen que vive en la región de Kakadu. Hasta que Warramurrungundji surgió del mar y comenzó la Era del Sueño. Era un espíritu femenino con cuerpo humano, que recorría la tierra dándole formas con sus rituales y creando los seres vivos y los humanos, a los que dio el lenguaje. Luego, por su propia voluntad, decidió convertirse en una roca blanca en medio del bosque, que todavía hoy puede verse en Kakadu. Otros Seres Ancestrales vinieron luego a continuar la creación: Ginga, el cocodrilo que hizo el país de las rocas, o Marrawuti, el águila marina que trajo lirios desde el mar en sus garras y los plantó en el llano inundado."

La Vida estalla en Kakadu La vida estalla en Kakadu. El amanecer es respondido con miles de gritos de las cacatúas, los loros, las cucaburras, los gansos, las urracas. Todos se quieren sumar al saludo. Los goanas y otros lagartos otean desde su agujero. Los canguros mastican las hojas tiernas mojadas de rocío. Las tortugas enseñan la cabeza fuera de su concha. Los cocodrilos vuelven de cazar. Vida y muerte, recomienza el ciclo. Los ríos desembocan en un extenso estuario sometido a inundaciones periódicas que hacen difícil limitar tierra y mar: 50 especies de mamíferos, 75 de reptiles y 275 de aves viven aquí, además de los insectos, los árboles y las flores. Es una región fértil, riquísima, rodeada de sabana arbustiva y, al este, por los acantilados de cuarcita donde comienza la Tierra de Arnhem. Son rocas coloreadas y afloradas por una erosión que viene de lejos, rocas formadas hace mil millones de años.

Si hay una tierra antigua, esa es Australia. Ha sido en unas rocas basálticas de Australia Occidental donde hace muy poco, los paleontólogos mutantes de la tribu de los blancos han encontrado la evidencia más antigua de vida en el planeta: fósiles de once microorganismos filamentosos que sugieren que todo comenzó hace 3.465 millones de años. De repente la vida se hizo más vieja a sus ojos, acercándose extraordinariamente al nacimiento mismo de la Tierra ¡Quizás! ¡Hace ya 4.500 millones de años!...

Nuestra ruta en Kakadu

Todo en Australia es viejo. ¿Qué pensar de la selva pluviosa del norte de Queensland? Con 125 millones de años; es decir, que ha estado en el mismo sitio sin cambios durante ¡125 millones de años! Convirtiéndose en la más antigua de nuestro Planeta todavía azul. Por ello está plagada de árboles y plantas primitivísimos, verdaderos fósiles vivientes y que no se hallan en otro lugar del mundo. ¿Y qué pensar de los eucaliptos, ese género único de árboles con más de 600 especies adaptados a todos los ecosistemas, desde el desierto hasta las nieves de los Alpes Australianos?."

Al vadear un río en el que apenas corre agua, observamos que, de los grandes eucaliptos vecinos de corteza de papel, cuelgan infinidad de ramas y deshechos vegetales a una altura de cuatro a cinco metros aproximadamente y el entorno nos resulta algo familiar. Helena, nuestra jefa de grupo nos confirma hasta qué altura pueden llegar los niveles de agua en una estación lluviosa normal. Si un ciclón, por aquí se llaman tifones, pasara demasiado cerca, toda la región quedaría bajo el agua y.. ¡Sí! Aquí fue precisamente donde se rodó la famosa secuencia del cocodrilo atacando a la protagonista de "Cocodrilo Dundee".

El calor húmedo del Trópico aprieta ya de firme cuando realizamos otra parada para almorzar y nos damos de cara con una de las más genuinas importaciones faunísticas introducidas en Australia por el hombre blanco:

Las moscas cojoneras. En su eterna búsqueda de humedad, vuelan a docenas delante de nuestras caras, introduciéndose en todos los orificios posibles: nariz, boca, orejas, ojos. Y porque no tienen acceso a otros má escondidos.

Refrescándose en Barramundi billabong

Será cuestión de acostumbrarse, Xanadú no existe. La Garganta Barramundi es nuestra primera garganta y primera piscina natural. Al principio no sabemos exactamente dónde mirar o qué ver.

–¡No os preocupéis buscando algo que llene vuestra vista!– aclara Helena, siempre atenta a cualquier comentario. –En Kakadu, al igual que en toda Australia, y dado que las distancias son tan grandes, lo importante no es llegar a un lugar, sino disfrutar del camino a recorrer–.

- Esta si que me la guardo– pienso ––Quizás nos ayude cuando tengamos mil kilómetros de lo mismo por delante–

–La meta forma parte del viaje y no es el fin, –Continúa nuestra guía– sino el comienzo de una nueva etapa–.

El entorno es paradisíaco: Altas paredes de roja piedra arenisca, salpicada por verdes pandanos, eucaliptos de blanca corteza y hojas de un verde pálido y alguna higuera trepadora colgada de una grieta, al fondo, un pequeño salto de agua y huelga decir que lo primero de todo es lanzarse a la fresca agua.

–Bueno, eso de fresca es un decir– exclamo después del primer chapuzón.

JimJim y sus pobladores

–Sí, pero si el agua casi llega a los 30ºC y a la sombra hay más de 40°C– puntualiza Beatriz, con una sonrisa en los labios ––Siempre es mejor estar en remojo... ¿No crees?–.

Pues sí y de esto precisamente se trata: de bajar la temperatura corporal unos cuantos grados y liberarse unos instantes de las dichosas moscas.

Una gran parte de la visita al Parque Nacional de Kakadu consistirá en buscar piscinas naturales y refrescarse. Ahora bien, no todas las piscinas son válidas. En algunas podríamos encontrarnos con una compañía algo indeseable. Los carteles que advierten que, nos hallamos en territorio donde también campan a sus anchas los cocodrilos de agua salada, se hacen comunes a la llegada. Pero no debemos preocuparnos, nos encontramos al final de la estación seca y los niveles de los ríos van muy bajos. En algunos casos han dejado de fluir formando charcas llamadas "billabongs" y en los que proliferan las aves acuáticas. El problema aparece a final de la estación húmeda, cuando los cocodrilos ascienden por los ríos en busca de nuevos territorios. De las cinco especies de cocodrilos que se conocen, en Australia encontramos a dos: "Crocodyllus Porosus" o cocodrilo de agua salada, conocidos familiarmente como "salties". Y el "Crocodyllus Johnstoni" o cocodrilo de agua dulce, cuyo nombre popular es "freshies".

Los nombres nada tienen que ver con el tipo de agua de habitan, ambos pueden hallarse en cualquier orilla, sea de lago, laguna, manglar, playa, río o puerto marítimo o fluvial.

Frilled lizard, el simp6aacute;tico lagarto de collar

–¿Y también en los "billabongs"?– grita Beatriz desde el centro de la poza de agua.

–Por supuesto– le aclaro desde la seguridad de la orilla –Aunque no tienes porqué preocuparte, dado lo avanzado de la estación seca, los guardianes del parque hace tiempo que sacaron a los grandes–.

–Escucha– continuo –Los "salties" son los peligrosos. Agresivos y de un tamaño que pueden alcanzar los ocho metros. Aunque se hayan encontrado fósiles que alcanzaban los diecisiete metros. Los machos no toleran ningún congénere a su alrededor y, cuando cazan, siempre al acecho, sienten predilección por los "freshies". De modo que estos huyen agua arriba. Así que lo máximo que puedes encontrar en a uno de no más de tres metros que probablemente tenga más miedo él de ti, que tú de él–.

–Menudo alivio– exclama sin dejar de bracear en dirección a la orilla –Ahora recuerdo aquella portada de periódico que leímos justo antes de salir de Darwin:

"En la Tierra de Arnhem, a más de cuatrocientos kilómetros de la costa y a unos trescientos metros de altura sobre el nivel del mar, un explorador ha sido atacado por un cocodrilo de agua salada, arrancándole una mano de una dentellada. Gracias a la rapidez de su compañero en disparar al animal, ha podido salvarle la vida. Después de más de seis horas de conducción, consiguieron llegar al hospital de Darwin donde, después de ocho horas de microcirugía, le han cosido de nuevo la extremidad y esperan recuperar un alto porcentaje de funcionalidad".–

–Puedes estar segura de que si estos casos fueran muy corrientes– continúo, ayudando a mi compañera a salir del agua –Primero, no serían portada en el periódico y, segundo, dudo que los vigilantes del parque nos permitieran nadar aquí–.

Helena, acostumbrada a las preguntas sobre cocodrilos, no parece muy preocupada de que si hay o no hay alguno de estos reptiles en la poza. Ya se ha refrescado y descansa a la sombra de un pandano fumando un cigarrillo.

–¡Helena! –inquiero– ¿Qué hay de cierto en todas estas historias de devoradores de hombres?–.

–¡Pues sí!– responde, con una amplia sonrisa –Lo cierto es que podría haber cocodrilos aquí y en cualquier lugar que hubiera agua en Kakadu. Pero solamente existe peligro real a final de la estación de las lluvias, cuando los ríos y las lagunas forman un todo húmedo. Los lugares más frecuentados por los humanos –prosigue– son rápidamente controlados por los vigilantes y, si algún "salty" hubiera llegado hasta aquí, hubiera ya sido capturado con unas trampas especiales y enviado a una granja especializada.

–¿Una granja de cocodrilos? –Se extraña Beatriz, secándose el pelo.

–Prácticamente toda la fauna de Australia, y eso incluye a estos grandes saurios, –sigue Helena– se encuentra protegida por la ley. Sólo los aborígenes pueden cazarlos. Los cocodrilos de agua salada y los de agua dulce llegaron al borde de la extinción, no sólo por su apreciada piel, sino por su carne. Lo que leísteis en el periódico de Darwin fue un accidente que ocurrió en la Tierra de Arnhem, toda esa región en tierra aborigen y la entrada está restringida...

–Bien pensado, todo tiene siempre su explicación– añado –Y un accidente lo puede tener hasta el mejor de los expertos en cocodrilos–.

Y sigue Helena –No os podéis ni hacer una idea de lo rápidos y certeros que pueden llegar a ser, a pesar de su aspecto pesado y lento–.

Recogiendo leña para el campamento

–Además se saben camuflar muy bien– amplio –Según alguno de los documentales televisivos que hemos visto, parecen troncos flotantes–.

–¡No interrumpas! –Se queja Beatriz– ¡Deja que nos explique que son las granjas!–.

–¡Ah! ¡Las granjas de cocodrilos! –Concreta Helena– Pues nada del otro mundo, lugares donde en lugar de criar pollos, crían cocodrilos. Cuando llegan a los cinco años los sacrifican para vender su piel y su carne. –y prosigue– La última noche de campamento vamos a cenar de una barbacoa donde probaremos carne de búfalo, de canguro y de cocodrilo. Existe una de estas granjas en Darwin, si queréis, podeis visitarla. –Y finaliza– Aunque un cocodrilo es siempre un cocodrilo y, si existe alguna duda, es siempre mejor nadar en una piscina con agua clorada–.

Al resto del grupo poco o nada parece preocuparles la fauna subacuática australiana. Justo es reconocer que el lugar tiene todos los ingredientes para parecer idílico y retozan dentro del agua o justo debajo de la pequeña cascada.

Preparando el campamento

¡Y ahora es mi turno para el chapuzón!. Lo cierto es que no me agrada demasiado nadar en aguas turbias, y toda estas pozas tienen una visibilidad escasa debido a la vegetación muerta pero... ¡Ya no aguanto más el calor y a las pesadas moscas cojoneras!.

El primer campamento queda establecido en "Sandy Billabong", literalmente traducido como la charca arenosa, apartada de toda ruta turística.

La noche ya era cerrada a nuestra llegada, Helena quiso brindarnos una puesta de sol especial desde las alturas de la roca Nawurlandja, vecina de Nourlangie, lugar sagrado para los aborígenes y una de las metas de nuestro viaje al otro lado de este planeta todavía azul. Y, por si hubiera quedado algún resto de energía en nuestros cuerpos después de la larga jornada, aún nos detuvimos a ayudar a dos jóvenes ornitólogos a cambiar una rueda pinchada de su Land Cruiser.

Poco a poco se va configurando ante nuestros ojos el carácter australiano. Aquí parece todavía vigente aquello de... "Hoy por tí, y mañana por mí". No nos hemos cruzado con ningún automóvil que no nos haya dedicado un breve saludo y, si nos deteníamos un instante en el arcén, siempre nos preguntaban si todo iba bien...

–"no worries"– la repuesta y que podemos traducir por... ¡no preocupaciones!.

No sabemos a que hora de la mañana se habrá levantado Helena, pero pocos han sido sus ratos de reposo. Llegados al lugar elegido hay que levantar las tiendas de campaña, encender una hoguera y preparar la cena para un total de diez hambrientos comensales.

Ayudamos en lo que podemos, pero el primer día no tenemos ni idea de cómo, dónde y cuándo hay que hacer los preparativos. Helena saca todo lo preciso del remolque y reparte las faenas. Diederick, el holandés, enciende la hoguera, Tina, británica, corta la verdura y Helena, el pollo. El menú de esta noche es evidente: Pollo con verduras y arroz. Y los demás aportamos el mejor de los condimentos: un apetito voraz.

De postre, el contenido de varias latas de fruta en conserva y el intercambio de impresiones al amor de la lumbre. En este preciso momento descubrimos que nuestro período de aclimatación más que concluido, no ha hecho sino empezar. Nos empieza a arder la cabeza y todas las áreas cutáneas que han sido expuestas al sol australiano. Nuestros músculos empiezan a quejarse del castigo recibido durante la jornada. A mí me parece que me duele hasta la fotografía del pasaporte. Los párpados empiezan a cerrarse y nos disculpamos acogiéndonos a nuestra "avanzada" edad.

Un grupo bien hallado y avenido

El duro suelo de la tienda nos parece el rincón más hermoso del mundo y la vecina charca nos ofrece un concierto nocturno con infinidad de ruidos, unos conocidos como el croar de las ranas y la mayoría totalmente desconocidos.

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Mañana esperamos levantarnos con el alba y descubrir a los habitantes del ....

Sandy Billabong

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