Sandy Billabong

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Barramundi

C omo ocurre en todas las regiones tropicales de este planeta todavía azul, el sol se acuesta y se levanta a la misma hora, y el día y la noche se reparten por igual las veinticuatro horas disponibles durante todo el año. Aún no ha aparecido el Astro Rey pero por el este empieza a hacer notar su presencia. La charca empieza a despertarse o, a cambiar sus pobladores nocturnos por los diurnos. La neblina propia de las regiones húmedas tropicales todavía no nos permite vislumbrar toda la extensión del lugar y la próxima hora promete ser muy movida.

El campamento permanece silencioso...

- Parece que somos los primeros en levantarnos –susurro a Beatriz– Si mal no recuerdo, ayer noche algunos de nuestros compañeros de viaje nos pidieron que los despertáramos–.

–¡Cierto!– me responde– Pero falta todavía más de una hora para que salga el Sol–.

–Acerquémonos a la orilla del agua para echar un vistazo –añado– ¡Y ojo con los cocodrilos!

–¡No empecemos! –Protesta mi compañera.

El agua parece estar viva. Lo que al principio nos parece una isla vegetal flotante resulta ser un enorme averío de ánades.

Cuando descubren nuestra presencia, levantan, al unísono, el vuelo. El batir de sus alas y sus graznidos rompen el silencio de todo el "billabong". Sobre los eucaliptos de corteza de papel descansan numerosas garzas y un martín pescador está ya desayunando.

–Este es el momento mágico del día– pienso. Nuestro itinerario en Kakadu

No atisbamos la otra ribera de la pequeña laguna y sus orillas parecen seguras. En algunas zonas crece un césped natural que nos permite llegar hasta el mismo borde del agua. Sobre las grandes hojas de los nenúfares corretean las jacanas a la caza de cualquier insecto desprevenido y los primeros gansos urraca hunden sus picos en el lodo del cercano fondo en un constante balanceo de sus cuerpos cubiertos de plumas blanquinegras, en busca de pequeños crustáceos.

Aparecen algunos de nuestros nuevos amigos de viaje casi al mismo tiempo que el sol. No puedo reprimir una mirada de odio hacia el astro rey, dentro de un par de horas nos hará saber quién manda en Kakadu.

–¡Cuidado con los cocodrilos! –Les grito al ya cercano grupo de europeos.

Todos se detienen y me miran, unos asustados y otros sin saber si bromeo o si la advertencia es seria.

–¡Tranquilos, amigos! –Aclaro– No parece que por aquí cerca haya reptiles peligrosos.

Cuando el sol lleva unos metros ya sobre el horizonte...

–¡Nos llaman! –Advierte Beatriz– Parece que el desayuno está ya dispuesto–.

Zonas húmedas de Kakadu Helena nos anuncia, entre bocado y bocado a su plato de cereales, que el día de hoy lo dedicaremos a explorar los alrededores de las dos cascadas más famosas del parque: Las cataratas Jim Jim y Twin. No nos puede garantizar que vaya a caer mucho agua desde lo alto de la meseta de Arnhem, aunque si nos advierte que para llegar a la base de las segundas, "Twin Falls", deberemos nadar unos 700 metros.

El primer tramo de la pista es de unos 60 kms. de maldito suelo ondulado.

–¿No te recuerda algo este camino? –Me grita Beatriz.

–¡Vaya con las ondulaciones! ¡El Sahara, naturalmente! –le respondo– ¡El traqueteo del Land Cruiser ayudará a hacer la digestión!–.

Cuando creemos llegar al final, descubrimos que faltan 20 kms. más de pista llena de baches y de arena, vadear el río Jim Jim con un metro de agua de promedio y... ¡Por fin! Aparcamos justo al lado del cartel que nos advierte que aquella región está muy frecuentada por cocodrilos de agua salada y que el único lugar que los responsables del parque aconsejan bañarse es la piscina de Jabirú, el complejo turístico construido en el centro del parque.

–¿Es aquí donde debemos nadar para llegar a las cascadas? –Pregunto a Helena, señalando el aviso.

–¡Sí!. Y no hagáis demasiado caso –tranquiliza nuestra guía– Nos encontramos a final de la estación seca y, la verdad es que si hubiera subido hasta aquí algún "salty" desde el río principal, ya haría meses que los rangers lo habrían sacado pero... ¿Ya os lo comenté ayer, verdad?–.

Vd. no nada nada. No, no traje traje

–¿Y si alguno se les ha escabullido? –Puntualiza Beatriz.

–¡De acuerdo! –Concluye Helena– ¡yo seré la primera en tirarme al agua! ¡Podéis estar seguros que no tengo acuerdo alguno con ningún reptil!–.

¡Y allá vamos!. No hay palabras para definir la fascinación de aquel lugar. Las dos paredes del acantilado, de más de cien metros de piedra arenisca caen a plomo dentro de la garganta. Pequeñas playas de blanca arena nos proporcionan un lugar de descanso y al final descubrimos que bien valía la pena el esfuerzo. La poza de agua es enorme y dos hilos de agua caen desde las alturas.

Las cataratas Jim Jim también ofrecen una seria dificultad: Los enormes bloques pétreos que debemos casi escalar para llegar a la base de la cascada, se convierten en el peor kilómetro de nuestra vida. El intenso calor a recalentado tanto la negra arenisca que marchamos con temperaturas superiores a los 50°C, un calor que no resisten ni las goanas, como nos demuestra el lagarto monitor, de alrededor de un metro, que nos observa pasar metido en el agua hasta el cuello. Su único movimiento consiste en sacar y meter, sin descanso, su larga lengua bífida. Al final, una piscina casi circular con paredes rojinegras de doscientos metros de altura. Ni una gota de agua cae desde la meseta de Arnhem. El baño es tan obligatorio como placentero ahora bien, tememos la vuelta ¡no habrá agua al final del camino!.

Regresamos al campamento ya entrada la noche. Helena ha querido acercarnos al punto donde la mayoría de los visitantes de Kakadu se extasían viendo como la bola, siempre ardiente de nuestra particular estrella, se enconde tras el horizonte. Más o menos en este orden: Japoneses, suizos y alemanes llenan el pequeño muelle de "Yellow Waters". Sin comentarios.

Un camarero del vecino bar nos vende seis latas de cerveza helada y amarga por 12 dólares. Esta noche vamos a disfrutar del menú más popular de este país: La barbacoa.

Y así, poco a poco, vamos dibujando el perfil del auténtico australiano, o australiana. Su particular indumentaria y sus más arraigadas costumbres: Barbacoa, cerveza, nevera portátil, llamada popularmente "eski", y "vegemite".

El pueblo aborigen no entra en estas definiciones, llevan poblando este continente hace ya más de 20.000 años y están, obviamente, mucho mejor adaptados al clima y al medio ambiente resultante.

¡Ah! ¡Los "Aussies", descendientes de los presos que Gran Bretaña transfirió a su antigua colonia hace ya doscientos años!. Dos siglos han sido suficientes como para diferenciarlos significativamente de sus ancestros. No debe resultarnos nada extraño, también se han establecido grandes heterogeneidades entre los hispanohablantes; argentinos, mejicanos y españoles mantenemos distintas idiosincrasias después de todo.

Y ahora, hablemos en serio... ¿Cuándo veremos cocodrilos, Helena? –Pregunto a nuestra guía.

Cacatùa negra –¿Cocodrilos? ¡Parecéis obsesionados con el animal! –responde riendo y bajando el "eski" (nevera portátil) del remolque– ¡Mira, ahí tienes tu primer cocodrilo! ¡O lo que queda de él!–.

Y me enseña una bolsa de plástico llena de una carne semicongelada, deshuesada y blanca.

–¡Esta es carne de cocodrilo! ¡Y esta de canguro! –destapando otra bolsa– ¡Y aquí unas hamburguesas de carne de búfalo! Ya os dije que esta noche cenaríamos de carne a la plancha–.

Diederick vuelve a ocuparse del fuego y esta noche Beatriz es la que prepara la ensalada. Los demás empezamos a dar buena cuenta de las cervezas.

Y de todas las carnes que degustamos, la que nos causa una mejor impresión, sintiéndolo por los vegetarianos, es la de canguro. La de búfalo, a pesar de estar molida, resulta correosa y la de cocodrilo... ni carne, ni pescado, sino algo intermedio por lo que al sabor se refiere y de textura parecida a la goma de mascar.

Y cuando todos integrantes del grupo parecen estar tratando de dilucidar cuál ha sido la experiencia más vibrante de la jornada, me levanto y salgo del círculo luminoso que crean las llamas de la hoguera. ¿Porqué será que cuando viajamos tenemos la tendencia a "fabricarnos" burbujas de confort que nos aislan de nuestro entorno?. Nos encerramos en nuestro coche, en nuestra tienda de campaña, en la habitación del hotel y.. ¡Hasta alrededor de un fuego!. Con sólo dar unos pasos hacia la oscuridad nos reencontramos con la Naturaleza más auténtica, que es precisamente, la verdadera razón de nuestro viaje.

–¿Qué te ha parecido la carne de cocodrilo? –Oigo preguntar a Helena a mis espaldas.

–¿Qué quieres que te diga? –Respondo– Supongo que probarla era un "deber". No creo que vaya a formar parte de nuestra dieta cotidiana–.

Y continúo. –Ahora que la de canguro estaba muy tierna. ¿Son canguros salvajes?–.

–¡Oh no! –Indica– Hay granjas que los crían, al igual que a los cocodrilos–.

- No me extraña. ¡En mi país ya las hay de avestruces! –Y prosigo– ¿Y qué sorpresas nos preparas para mañana?–.

La Roca Nourlangi

–Mañana visitaremos los lugares sagrados de los aborígenes con sus galerías de arte rupestre. Y finalizaremos el viaje a Kakadu precisamente fuera del parque– Y añade con una sonrisa– ¡Mañana veremos la puesta del sol en el río Mary, famoso porque está infectado de cocodrilos y barramundas! ¿Qué os parece el recorrido?–.

–¡Magnífico! ¡Y nos ayuda muchísimo en nuestro propósito de aclimatarnos a tu país! –Y añado– ¡No nos das tregua!.

–¿Y cuáles son vuestros planes? –Se interesa la australiana.

–Cuando regresemos a Darwin iniciaremos los pasos para la compra o alquiler de un vehículo todo–terreno, según sea lo más conveniente para nuestro presupuesto. Una vez pertrechado, nos dirigiremos a Perth cruzando los Kimberleys y la Pilbara. Para finalizar costeando el Océano Indico. –Y continúo– Estos tres días contigo nos están enseñando cuáles son los enseres más útiles en un viaje por el "outback". Y puedes estar segura que estamos tomando detalladas notas–.

–¿De cuánto tiempo disponéis?–.

–De unos dos meses aproximadamente–.

–Y ¿porqué precisamente salís de Darwin?. Perth es una ciudad veinte veces mayor y las oportunidades allí, deben de ser mucho más numerosas para hallar el vehículo adecuado. –se extraña Helena– Bueno, al fin y al cabo, los precios de los coches, han bajado considerablemente en los Territorios del Norte estos últimos meses–.

- El principal factor que tenemos en cuenta cuando vamos a viajar es el climatológico. No siempre podemos elegir los mejores meses para cada continente ya sea por razones económicas, laborales o de cualquier otro índole–.

Le explico– Y si hubiéramos salido de Perth justo habríamos llegado aquí en plena estación de las lluvias... ¿no es así?–.

–¡Así es! –confirma – Parece que lo habéis preparado muy bien –

Algo de experiencia tenemos. Hace unos años desempeñaba tu mismo trabajo, pero en otro continente, en Africa – Y continúo – Acompañé varios grupos a través de diversas regiones del Sahara Central argelino con guías Tuareg y, aunque el clima y el entorno eran distintos, los medios utilizados son prácticamente los mismos que veo esparcidos alrededor del campamento. Era un trabajo agotador, como debe serlo para ti – Y concluyo– ¡Sólo te he visto descansar las pocas horas que dormimos!–.

Comienza el periplo autóctono –Justo lo que necesito. Este trabajo lo utilizo como terapia ocupacional, mi verdadera vocación es la abogacía – puntualiza – y formo parte de un bufete en Darwin. Cada cierto tiempo necesito salir al "outback", entre juicio y juicio, para "cargar baterías". La inmensidad de este territorio y su naturaleza salvaje vuelven a poner las cosas en su sitio, aligerando la presión de la ciudad. Aunque en la alta temporada puedo llegar a estar hasta dos semanas en el bosque, con varios grupos, que también ejercen su fuerza. –y ultima – Pero este no es el caso, este es un conjunto de personas muy equilibrado–.

Los protocolos nocturnos se repiten y el canto de las ranas del "Sandy Billabong" actúan de perfecta canción de cuna. Nuestros últimos pensamientos se llenan de cocodrilos que mañana veremos con profusión, justo después de nuestra iniciación al ...



Tiempo de los Sueños.

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